Los telescopios nos permiten ver objetos lejanos. La mayoría de los grandes telescopios usan espejos para captar y enfocar la luz, y cuanto más grande es el espejo, más poderoso es. Además, estar en el espacio significa que no hay distorsiones debido a la atmósfera de la Tierra, lo que resulta en imágenes más nítidas y de mayor resolución. Así, los logros del telescopio espacial Hubble, su legado en imágenes y descubrimientos, con su espejo de 2,4 metros fue impresionante. ¿Qué cosas nuevas y maravillosas podremos ver y aprender con el nuevo James Webb, el telescopio espacial más grande y complejo jamás construido?

Está previsto que el James Webb parta al espacio el 22 de diciembre de 2021. El telescopio tiene un espejo de 6,5 metros de diámetro hecho de 18 segmentos separados y puede recolectar seis veces más luz que el espejo del telescopio espacial Hubble. Así, los astrónomos esperan encontrar las primeras galaxias que se formaron en el universo, buscarán atmósferas similares a la Tierra alrededor de otros planetas y cumplirán muchos otros objetivos científicos.

Desde que sabemos que las galaxias distantes son como la Vía Láctea, los astrónomos se han preguntado: ¿Qué edad tienen las galaxias más antiguas? ¿Cómo se formaron por primera vez? ¿Cómo han cambiado con el tiempo? El James Webb está diseñado para responder estas preguntas. La luz de una estrella o de una galaxia entrará por la boca del telescopio y rebotará en el espejo principal hacia los sensores de luz, infrarrojo y espectrógrafo. Este diseño permitirá a los científicos estudiar cómo se forman las estrellas en la Vía Láctea y las atmósferas de los planetas fuera del sistema solar. Incluso puede ser posible averiguar la composición de estas atmósferas.

Las imágenes podrían mostrar protogalaxias que se formaron apenas 300 millones de años después del Big Bang, pues el James Webb detectará en luz infrarroja el “calor” de galaxias muy débiles. Con el infrarrojo también podrá penetrar y mirar más allá de las nubes de polvo galácticas, no solo para ver qué hay detrás de ellas, sino también para observar mejor la formación de estrellas y planetas. Por ello, el telescopio debe estar excepcionalmente frío, a temperaturas cercanas al cero absoluto (-223 ° C), o de lo contrario todo lo que vería sería su propia radiación infrarroja. Aquí es donde entra en juego el escudo térmico que lo aísla de la luz solar y que una vez desplegado tiene el tamaño de un campo de tenis.

El telescopio Webb es una increíble hazaña de ingeniería, pero ¿cómo se puede llevar algo así de forma segura al espacio y garantizar que funcionará a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra? Han sido 20 años desde la idea inicial, con pruebas y ensayos, en un proyecto que enfrentó muchos desafíos, retrasos y costos varias veces superiores a lo previsto.

Lanzar, desplegar en el espacio y alinear este gigantesco telescopio no es una tarea sencilla. Primero, el lanzamiento. Para caber dentro del cohete, el telescopio debe plegarse en un paquete compacto, pues el cohete Ariane 5 que lo lanzará no puede transportar nada más ancho de 5 metros. Esta es la razón por la que el telescopio tuvo que diseñarse para poder plegarse como una gigantesca pieza de origami para que pudiera caber en el cohete. 

Además, su parasol también debe desplegarse una vez que esté en su posición, otro problema de ingeniería increíblemente difícil, y todo de forma remota, operación que debe llevarse a cabo con gran precisión y sincronización. Todo tiene que funcionar a la perfección. No hay lugar para el error debido a que el destino final del telescopio está a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra. Si algo no funciona o se descompone, no habrá posibilidad de misiones de reparación. 

El telescopio espacial James Webb profundizará, y quizás incluso cambiará nuestra comprensión del universo, su origen y sus primeros días. Nos brindará información inesperada sobre los exoplanetas. De hecho, aún no sabemos qué cosas nuevas vamos a descubrir. Lo que sí es seguro es la inspiración que producirá en una nueva generación de astrónomos y entusiastas de la ciencia.