He intentado encontrar la manera de disfrutar de las ambigüedades que presentan los hongos, pero no siempre es fácil sentirse cómodo en el espacio creado por cuestiones sin resolver.
Merlin Sheldrake

Muy al inicio de La red oculta de la vida, Merlin Sheldrake –biólogo y autor del libro– hace una sentencia mayúscula: “Los hongos tienen la llave para entender nuestro planeta y nuestras formas de pensar, sentir y comportarnos aunque su vida transcurra principalmente fuera de nuestra vista”. Aunque el primer impulso de la mayoría puede ser la incredulidad, la sospecha ante la aparente exageración, estas palabras de Sheldrake funcionan como un resumen de lo que luego empezará a develarse en el libro; la historia de los hongos es una totalizante pero llena de misterios y de relaciones por ahora incomprensibles que suceden bajo tierra. 

El lenguaje básico y la capitulación precisa de este libro hace que sea un instrumento útil para aquellos que busquen conocer sobre el universo fúngico pero no sepan mucho de biología; Sheldrake hace un esfuerzo por construir metáforas para que no se requiera el conocimiento específico y académico, tan solo la cotidianidad humana y la mirada. Estas metáforas, sin embargo, siempre tienen pies de página o salvedades, pues si algo queda claro al leer La red oculta de la vida es que las palabras para hablar de hongos aún no existen. Compara, por ejemplo, la capacidad de los hongos para tomar decisiones y cambiar sus rumbos con el cerebro, pero es insistente en expresar que no es un cerebro lo que tienen, sino un sistema descentralizado que poco se parece a el órgano humano, pero no tenemos una palabra mejor para describirlo. 

La mayor parte del libro está dedicado a divulgar lo poco que se sabe sobre el micelio; esa red de estructuras que se ramilica y extiende de manera aparentemente anárquica pero con el firme propósito de la sobrevivencia, tanto del hongo como del resto de los habitantes del bosque. “Es tejido conjuntivo ecológico, la costura viva en la que buena parte del mundo está cosida con relaciones”, escribe Sheldrake; una red de nutrientes, hidratación e incluso impulsos eléctricos que podría, una vez empecemos a entender su comportamiento, cambiar la forma en la que vemos las redes vegetales y fúngicas.

Leer sobre ciencia es una manera de volvernos más sensibles y de acercarnos a la idea que reza que todos los organismos son complejos y que lo humano es tan solo una de las formas de la vida. La lectura de La red oculta de la vida se parece a la sensación de acercarse a la astronomía, pues entendemos que nos faltan las palabras, los sentidos, el alcance y la tecnología para comprender lo que nos rodea. 

La red oculta de la vida
Merlin Sheldrake
Editorial Planeta
352 páginas