Ese mundo vegetal que vemos tan tranquilo, tan resignado, en que todo parece aceptación, silencio, obediencia, recogimiento, es por el contrario aquel en que la rebelión contra el destino es la más vehemente y la más obstinada.
Maurice Maeterlinck

Maurice Maeterlinck nació en Bélgica en 1862. Escribió durante sus 87 años de vida en francés ensayos y obras de teatro; cuatro de sus ensayos han perdurado en el tiempo con mayor fuerza y hoy los leemos en español bajo los títulos de La vida de las abejas, La vida de las hormigas, La vida de las termitas y La inteligencia de las flores. Le gustaba lo minúsculo, esos objetos que hay que mirar de cerca para descubrir su potencia y la belleza de sus formas.

En La inteligencia de las flores, publicado originalmente en 1907, es un ensayo corto donde Maeterlinck hace un ejercicio de observación minucioso sobre el crecimiento, la reproducción, su relación con la luz y la variedad de las flores que ve en jardines y bosques y que parecen estar allí suspendidas y frágiles pero que realmente su existencia es una prueba de la tenacidad de la naturaleza.

Maeterlinck no es un botánico ni un científico metódico, es simplemente alguien que se toma el tiempo y la paciencia necesarias para registrar el movimiento casi imperceptible de las flores. Luego tiene la generosidad de contarlo en un relato ensayístico que mezcla la existencia de ellas con las del ser humano y con el resto de vida que las rodea.

Al leer el libro se llega a la conclusión que nuestra comprensión de la naturaleza está siempre limitada porque la experiencia humana, acotada por los sentidos, no alcanza a develar cada proceso y a explicar sus causas. “Añadamos que es preciso, para que la experiencia surta efecto, escoger una flor bien madera. Ignoramos cuándo lo está; pero el insecto y la flor lo saben, pues esta no invita a sus huéspedes necesarios, ofreciéndoles una gota de néctar, sino en el momento en que todo su aparato está dispuesto a funcionar”, escribe. 

La inteligencia de las flores muestra la poesía siempre al aire de la naturaleza y también rescata la importancia del trabajo de los aficionados, que lejos de la rigurosidad científica pero sin descartarla del todo, se permiten entretejer diferentes formas de existir y dejan claro que la red de la vida puede ser una sola, con manifestaciones tan múltiples como seres existen sobre la Tierra.

La inteligencia de las flores
Maurice Maeterlinck
Talleres de Edición Rocca
108 páginas