Reseña
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Sobre la ciencia ficción de Isaac Asimov Ciencia ficción y comunicación pública de la ciencia

Realizado por: 
Haiden Llanos Díaz

Edición:
Laura Vélez  

Revisión:
Miguel Valbuena

Tras haber construido un universo literario colosal, con centenares de novelas y relatos que marcaron la imaginación planetaria de los siglos XX y XXI, Isaac Asimov se enfrentó a un reto diferente: entre 1980 y 1981 detuvo su producción de ciencia ficción para escribir acerca de la ciencia ficción. 

Un editor amigo suyo fue quien lo instó a recopilar sus pensamientos teóricos dispersos al respecto, para dar a conocer al mundo su visión de este género. Que un titán de su calibre decidiera plasmar un compendio de reflexiones, es equivalente a un arquitecto renacentista entregando los planos secretos de cómo construyó sus catedrales. Para quienes aman las historias de ciencia ficción, este gesto representó la validación intelectual de un género que durante mucho tiempo fue injustamente relegado a los márgenes de la literatura.

El resultado fue ‘Sobre la ciencia ficción', una obra compuesta como una antología que reúne más de cincuenta artículos, ensayos y editoriales previamente publicados en diversas revistas. Asimov toma sus concepciones de la ciencia ficción, escritas en momentos distintos y con necesidades diferentes, y las presenta de manera fragmentaria pero cronológica, porque entiende que la comprensión y definición de este género escapan como agua entre las manos cuando se le quiere delimitar con esquemas que transgreden su complejidad. 

Por ello, al ordenar los textos bajo ejes temáticos que van desde la historia del género hasta los entresijos de la escritura, el autor exige pensar la ciencia ficción a partir de la revisión de sus fallos, sus aciertos editoriales y sus transformaciones conceptuales, demostrando que el género se define mejor a través de su práctica histórica que mediante fórmulas de diccionario.

En los estudios literarios existe un debate sobre qué fronteras permiten delimitar la ciencia ficción para caracterizarla y diferenciarla de otros géneros. En este debate interviene Asimov, retomando criterios elementales: la verosimilitud científica y la distinción entre la fantasía y la ciencia ficción dura. 

Su aporte específico radica en proponer una categorización basada en el impacto del cambio, afirmando que la auténtica ciencia ficción debe explorar cómo reacciona el ser humano, personal y colectivamente, ante las mutaciones de su entorno tecnológico. Con esta intervención, el autor pugna contra aquella percepción propia del siglo XX que considera este extraño género como una forma simplificadora de la literatura y la cinematografía, y postula, en cambio, la ciencia ficción como una narrativa eminentemente social, capaz de anticipar y amortiguar el choque del futuro en la mente colectiva.

Otro aspecto deslumbrante de los artículos que componen el libro es la manera en que Asimov entrelaza la ciencia ficción con la comunicación pública de la ciencia. Detalla que las tramas de ficción actúan como anzuelos cognitivos, puesto que un buen relato sembrado de conceptos científicos y tecnológicos rigurosos despierta una curiosidad que la educación tradicional suele apagar. 

La ciencia ficción goza de un privilegio magnífico que la comunicación pública de la ciencia puede apenas esbozar: explotar el uso de la narrativa para traducir temáticas que resultan complejas, distantes, y en algunos casos aburridas. No porque lo sean, sino porque muchas veces aquellos conceptos no encuentran quién los cuente de la manera adecuada. 

La divulgación científica permite, incluso a través de historias reales, contar la ciencia desde orillas que se separan un poco del tecnicismo tradicional y el lenguaje científico que tanta distancia pone con la sociedad que no pertenece a estas esferas de conocimiento. Pero la ciencia ficción tiene la capacidad y el permiso de contar esas historias desde panoramas que no son posibles, pero que perfectamente podrían serlo. Porque finalmente eso es la ciencia: una historia que tiene que buscar cómo ser entendida pero también cómo ser contada. 

Al envolver los datos puros en el drama humano de un viaje interplanetario o un dilema robótico, el autor genera las condiciones para una apropiación social del conocimiento sumamente eficaz. Su insistencia es clara: la trama jamás debe violentar las leyes vigentes de la naturaleza; por el contrario, debe usarlas como el marco lógico que garantice un acercamiento de la ciudadanía a las prácticas, lógicas, lenguajes y resultados de la investigación científica con transparencia conceptual. Pero además, debe usarse como garante de la coherencia y la consistencia de una trama que no busque traicionar la atención y la entrega de la persona lectora o espectadora. 

Asimov destaca el vínculo pedagógico profundo entre la ciencia ficción y la divulgación de la ciencia: la antigua y poderosa costumbre humana de enseñar y aprender, de despertar la imaginación y la curiosidad, de cultivar la capacidad de asombro, pasando vivencias, experiencias y reflexiones mediante historias que se cuentan.

Al retomar este vínculo, la obra deja en claro que la comunicación pública de la ciencia y la ciencia ficción comparten una función social esencial: la apropiación social del conocimiento para el fortalecimiento de sociedades democráticas. En un mundo donde progresivamente las decisiones cotidianas se van condicionando por cuestiones como la biotecnología, las inteligencias artificiales y la crisis climática, la separación entre ciencia y ciudadanía prepara el escenario propicio para el surgimiento de autoritarismos. Asimov sugiere que, mediante la apropiación social del conocimiento facilitada por la narrativa de ficción, las personas adquieren herramientas críticas para participar activamente en la vida política de la sociedad.

Esta función social compartida justifica por qué un escenario emblemático de la capital colombiana, como lo es el Planetario de Bogotá, decide abrir sus puertas a eventos de cultura popular como el Festival Geek. Los planetarios ya no son templos silenciosos dedicados exclusivamente a la contemplación pasiva de la ciencia y la tecnología; hoy en día, actúan como nodos vivos de la democratización del conocimiento. 

Al combinar la ciencia ficción, las comunidades de aficionados y la comunicación pública de la ciencia en un mismo lugar, el Planetario dispone los universos de la cultura popular como puerta de entrada para involucrar activamente a las personas en los ámbitos del conocimiento científico y la innovación tecnológica. Este tipo de enfoques y dinámicas permiten que un festival, como el Geek, transite de actividad recreativa a una estrategia sólida para el cierre de la brecha entre ciudadanía y ciencia. Esto es una lección aprendida de la lectura de la vasta obra literaria y la visión de la ciencia ficción de Isaac Asimov, para que un centro de ciencia como el Planetario de Bogotá reciba a sus públicos bajo el abrigo de mundos imaginarios, con la firme intención de que, al habitar este escenario cultural,  puedan contemplar el cosmos, inconmensurable e indiferente ante la existencia humana, como un hogar cálido y acogedor.

 

 

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