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ORIGEN DEL SISTEMA SOLAR


LA FAMILIA DE LA TIERRA, LOS PLANETAS
”Le imploro, ¿no esperará, acaso, ser capaz de aducir las razones para explicar el número de planetas? - Esa preocupación ya ha sido resuelta...”
Johannes Kepler, Epítome de astronomía copernicana, vol 4, 1621.

HISTORIA DEL SISTEMA SOLAR
El Sistema Solar nació de una nube de gas y polvo compuesta principalmente por hidrógeno, helio y otros materiales más pesados. Hace aproximadamente cinco mil millones de años el gas y polvo de esta nube se fue agrupando poco a poco por acción de la fuerza de la gravedad. En el centro de esta nube se acumuló la mayor parte del hidrógeno y el helio para formar el Sol y a su alrededor a partir del material más pesado se formaron planetas, lunas, asteroides y cometas que giran en torno a él.

A partir de la nube de polvo arremolinada alrededor del jóven Sol empezaron a formarse miles de pedazos llamados “planetoides”, con tamaños diferentes, desde un par de kilómetros hasta el tamaño de un país. Estos planetoides estuvieron chocando unos con otros acretándose bajo la fuerza de gravedad. A medida que más planetoides se agrupaban, las rocas eran aplastadas con tanta violencia que el material terminó fundiéndose. En un tiempo corto esos montones de roca se convirtieron en pequeños mundos. Los elementos más pesados como el hierro y el niquel se separaron de las rocas y cayeron hacia los núcleos.

En algun momento estos pequeños mundos empezaron a ejercer una fuerza gravitacional importante sobre sus vecinos. Muy pronto estos protoplanetas comenzaron a atraerse unos a otros en un caótico juego de billar. A esta fase de la formación se le llama “período de bombardeo intenso”.

Los asteroides llovían del cielo. Las colisiones gigantéscas destrozaban mundos completos, la formación ordenada del principio se convirtió en una lucha por sobrevivir. Este período duro unos cien millones de años. Los protoplanetas recogían los escombros, y los que no eran engullidos por los planetas en formación eran lanzados por la gravedad a órbitas extremadamente excéntricas. El resultado de los choques son los miles de cráteres de impacto que tachonan las superficies de los cuerpos del Sistema Solar. De todas las colisiones tal vez la más espectacular fue el impacto monumental de dos mundos que dió origen a la Tierra y la Luna. Al final de la era de cataclismos quedaron cuatro planetas rocosos en el Sistema Solar interior: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte.

Los impactos no han cesado del todo, pese a la relativa calma. Todavía hay una cantidad de fragmentos de planetoides conocido como el cinturón de asteroides, son los restos de la formación de los planetas interiores que quedaron atrapados por la gravedad entre Marte y Júpiter. De hecho la gravedad de Júpiter no permitió que estos pedazos se unieran y formaran otro planeta, tal vez del tamaño de la Luna. De vez en cuando estos fragmentos se desvían de su trayectoria y entran en la atmósfera de la Tierra como bolas de fuego. Muchos de ellos tiene el tamaño suficiente como para causar un daño real sobre el planeta y sus órbitas se cruzan con la de la Tierra eventualmente. En algun momento en el futuro, alguno de ellos tendrá una trayectoria de colisión contra la Tierra, tal vez no sea muy pronto.

Cerca del Sol naciente toda la materia se encontraba en estado gaseoso, pero más lejos, a la distancia a la que actualmente se encuentra Júpiter, la temperatura era lo suficientemente baja para que otros materiales como el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano y el amoníaco se congelaran. A este punto algunos científicos lo llaman el “punto de nieves perpetuas”, más alla de este punto los planetas se formaron no solo de fragmentos de roca y metal, tambien de hielo de agua y otros materiales.

La formación de planetas gaseosos se tarda un poco más de tiempo. La teoría nos dice que Júpiter y Saturno debieron formar grandes núcleos de hielo y roca, unas díez veces el tamaño de la Tierra, para que pudieran retener las cantidades de gas de hidrógeno y helio que poseen actualmente, antes de que el encendido del Sol expulsara el gas sobrante a las profundidades del espacio. El tiempo para esto es de unos díez millones de años, pero esto es muy poco tiempo para formar núcleos rocosos de semejante tamaño, existe un problema con la teoría.

Con Urano y Neptuno sucedió algo diferente, la cantidad de hidrógeno y helio en estos planetas es mucho menor que en Júpiter o Saturno, lo que sugiere que tardaron mucho más en formarse, de acuerdo con la teoría clásica de la agregación de material, la formación de un planeta como Neptuno tardaría ¡miles de millones de años! Es evidente que la teoría de acreción no funciona muy bien con los gigantes gaseosos de nuestro Sistema Solar. Alan Boss, un científico planetario del Instituto Carnegie de Washington y miembro del Instituto de Astrobiología de la NASA, ha desarrollado una teoría diferente, basada en modelos computarizados, acerca de cómo los planetas como Júpiter pueden haberse formado. Él cree que los gigantes gaseosos pueden formarse como resultado de la inestabilidad del disco protoplanetario de su estrella, que generan acumulaciones de gas. Estas acumulaciones de gas más denso se forman rápidamente, en un período de pocos miles, y quizás hasta de pocos cientos, de años. Una formación tan rápida permitiría el desarrollo de los planetas antes de que desapareciera el disco protoplanetario.